Yamil Santoro, del discurso liberal al refugio permanente en el Estado
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La designación de Yamil Santoro como nuevo CEO del Parque de la Innovación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires volvió a poner en evidencia una contradicción recurrente en buena parte del liberalismo local: la prédica contra el Estado convive, sin demasiados reparos, con una carrera política y laboral sostenida casi exclusivamente dentro de él.
Santoro, que construyó su perfil público cuestionando el tamaño del Estado, el gasto público y la “casta política”, pasó sin solución de continuidad de la Legislatura porteña a un cargo jerárquico dentro del Ejecutivo que conduce Jorge Macri. La paradoja no pasó desapercibida: tras no lograr renovar su banca como legislador, el dirigente liberal encontró rápidamente un nuevo lugar en la estructura estatal.
Críticas al Estado, pero siempre desde adentro
Durante su paso por la Legislatura, Santoro fue un férreo defensor del discurso liberal clásico: menos Estado, más mercado, achicamiento del sector público y reducción del gasto. Sin embargo, su trayectoria profesional muestra una dependencia constante del propio aparato estatal que dice cuestionar.
Lejos de “emprender” en el sector privado o apostar por la lógica de mercado que suele enarbolar en sus intervenciones públicas, su carrera se desarrolló casi íntegramente en cargos públicos, primero como legislador y ahora como funcionario de alto rango, con un salario financiado por los contribuyentes porteños.
El Parque de la Innovación y una designación política
Como CEO del Parque de la Innovación, Santoro estará al frente de uno de los proyectos más importantes de la Ciudad en materia tecnológica y de innovación. Desde el Gobierno porteño destacaron su rol para atraer inversiones y startups, pero puertas adentro del propio oficialismo reconocen que se trata también de una designación política, que permite contener a un dirigente liberal tras su salida electoral.
La ironía es difícil de soslayar: un liberal que cuestiona la intervención estatal ahora administrará un predio público, con recursos públicos y decisiones estratégicas tomadas desde el Estado. Todo aquello que, en teoría, debería evitarse según el manual liberal más ortodoxo.
Una contradicción que se repite
El caso de Santoro no es aislado, sino representativo de una tendencia más amplia: dirigentes que critican al Estado mientras construyen su carrera dentro de él, sin que esa tensión parezca generarles mayor incomodidad. La retórica antiestatal suele diluirse cuando aparece la oportunidad de ocupar un cargo, gestionar un presupuesto o mantenerse dentro del circuito del poder.
En ese contexto, la llegada de Yamil Santoro al GCBA vuelve a abrir un interrogante incómodo: ¿es posible sostener un discurso liberal coherente mientras se vive, se milita y se proyecta políticamente desde el Estado? Por ahora, la respuesta parece ser pragmática antes que ideológica.
