Jorge Macri justifica el aumento del ABL por la inflación que hay desde la asunción de Javier Milei

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En un contexto de alta inflación y creciente desigualdad, el reciente aumento de impuestos aprobado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en colaboración con La Libertad Avanza, muestra una preocupante falta de sensibilidad hacia los sectores más vulnerables de la sociedad porteña.

El jefe de Gobierno, Jorge Macri, ha defendido estos aumentos señalando que la inflación es el problema principal y que los ajustes impositivos no superan el ritmo inflacionario. Sin embargo, este enfoque tecnocrático ignora una realidad fundamental: la carga de la inflación y los impuestos no se distribuye de manera equitativa. Los sectores de menores recursos son los que más sufren estos incrementos, ya que destinan una mayor proporción de sus ingresos a cubrir necesidades básicas.

La decisión de no diferenciar entre los distintos niveles de ingreso para aplicar estos aumentos revela una falta de comprensión, o peor aún, una indiferencia hacia las dificultades que enfrentan las familias de menores recursos. Es sabido que la inflación tiene un impacto regresivo, afectando más a quienes menos tienen. En este escenario, aumentar los impuestos de manera uniforme agrava aún más la situación de los más desfavorecidos.

Macri ha mencionado la necesidad de financiar la instalación de cámaras en las plazas y de mantener becas para escuelas de gestión privada. Si bien estos son objetivos loables, la pregunta que surge es: ¿por qué deben ser los más pobres quienes paguen el precio de estas mejoras? La falta de un enfoque progresivo en la política fiscal es un error grave. Existen mecanismos para aliviar la carga fiscal de los más vulnerables sin comprometer la capacidad del gobierno de financiar servicios esenciales.

Además, la justificación de que «la Ciudad no emite plata» y, por tanto, debe ajustar sus ingresos a la realidad inflacionaria, no debe ser una excusa para implementar políticas que perpetúan la desigualdad. Es responsabilidad de los líderes diseñar estrategias que protejan a los sectores más débiles durante tiempos económicos difíciles. Medidas como la exención de impuestos para familias de bajos ingresos o la creación de programas de asistencia específica podrían ayudar a mitigar el impacto de estos aumentos.

La administración de la Ciudad de Buenos Aires necesita revaluar sus prioridades y adoptar un enfoque más inclusivo y equitativo. Es fundamental que las políticas públicas no solo busquen balancear presupuestos, sino también proteger a los ciudadanos más vulnerables. En una ciudad con altos índices de pobreza y desigualdad, las decisiones fiscales deben ser tomadas con una profunda consideración de sus efectos sociales.

Ignorar estas realidades es no solo un fallo técnico, sino también un fracaso moral. El bienestar de una sociedad no se mide únicamente por su capacidad de mantener infraestructuras o sistemas educativos, sino también por cómo trata a sus miembros más débiles. Es hora de que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tome en cuenta esta dimensión y actúe con la empatía y la responsabilidad que la situación exige.

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