Crearon una mesa de trabajo en la Legislatura porteña sobre trata de personas y explotación laboral

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Sobrevivientes de la masacre de Luis Viale impulsan un espacio de memoria y justicia

Publicado el 24 de septiembre de 2025

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires dio un paso importante en la agenda de derechos humanos al constituir una mesa de trabajo sobre la trata de personas y la explotación laboral, en el marco del vigésimo aniversario de la masacre del taller textil de la calle Luis Viale, en Caballito.

La reunión se llevó a cabo este martes en el Salón Alfonsín del palacio legislativo, ubicado en Perú 160, y contó con la presencia de legisladores porteños de Unión por la Patria, como Juan Pablo Modarelli y Matías Barroetaveña, quienes respaldaron la propuesta de las sobrevivientes del siniestro para crear un centro de memoria y mantener vivo el reclamo de justicia.


Un reclamo con historia

“El objetivo de esta mesa es trabajar sobre la problemática de la trata de personas y la explotación laboral en nuestra Ciudad. A 20 años de la masacre de Luis Viale, acompañamos la iniciativa de las sobrevivientes que buscan establecer un espacio de memoria y alcanzar justicia completa”, afirmó Barroetaveña.

Entre los asistentes se destacó la presencia de Lourdes Hidalgo, una de las sobrevivientes de aquel taller, que en 2024 fue reconocida como Personalidad Destacada de la CABA por la Legislatura en el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas. Su testimonio volvió a conmover al recinto, al recordar las condiciones en las que trabajaban y vivían las familias migrantes en ese espacio.


La tragedia de Luis Viale

El 30 de marzo de 2006, un incendio arrasó con el taller textil ubicado en Luis Viale 1269, donde residían 65 personas, entre adultos y niños, en condiciones de hacinamiento extremo. Los trabajadores cumplían jornadas de hasta 16 horas diarias confeccionando ropa para distintas marcas.

La tragedia dejó un saldo fatal: una trabajadora embarazada, dos adolescentes y tres niños murieron en medio del fuego y el humo. El hecho se convirtió en símbolo de las violaciones a los derechos laborales y humanos en talleres clandestinos de la Ciudad.

La Justicia condenó a dos capataces como responsables, pero los dueños de la explotación fueron sobreseídos, lo que todavía genera indignación entre familiares y organizaciones sociales.


Espacio de memoria y proyectos truncos

Desde hace años, los sobrevivientes impulsan proyectos de Ley en el Congreso Nacional y en la Legislatura porteña para que el inmueble sea expropiado y convertido en un centro de memoria, similar a los Espacios de la Memoria que funcionan en excentros clandestinos de detención.

La iniciativa busca que el sitio se transforme en un lugar de reflexión sobre la explotación laboral, la trata de personas y las condiciones que sufren miles de trabajadores migrantes en la Ciudad. Sin embargo, los intentos legislativos anteriores no prosperaron, lo que obliga a renovar el debate político y social.


Una deuda pendiente de la Ciudad

Para los legisladores presentes, la mesa de trabajo representa la posibilidad de avanzar en políticas públicas integrales que aborden la problemática de la trata laboral y garanticen derechos básicos a quienes hoy continúan expuestos a estas prácticas.

“El caso Luis Viale dejó al descubierto la complicidad del Estado, la falta de controles y la vulnerabilidad de las familias migrantes. Convertir el taller en un espacio de memoria no es solo un homenaje a las víctimas, sino también un compromiso hacia el futuro”, subrayó Modarelli.


A 20 años, la memoria se organiza

El aniversario de la masacre renueva los reclamos de justicia, pero también busca colocar en la agenda legislativa la necesidad de políticas públicas que combatan la explotación laboral. La mesa de trabajo se propone ser un ámbito permanente de articulación entre legisladores, sobrevivientes, organizaciones sociales y organismos de derechos humanos.

De esta manera, a pocos meses de cumplirse dos décadas del incendio, la Legislatura porteña abre un espacio que apunta a transformar la tragedia en un motor de memoria activa, capaz de impulsar nuevas leyes y visibilizar a quienes todavía trabajan en la sombra de la precarización y la trata.

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