Jorge Macri en modo campaña, cuestiona el deterioro del Centro Cultural San Martín cuando el PRO gobierna desde 2007

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En un contexto de ajuste cultural a nivel nacional, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires intenta mostrarse como excepción: anunció el inicio de las obras de renovación integral del Centro Cultural General San Martín (CCGSM), uno de los íconos arquitectónicos y culturales más relevantes de la ciudad. Se trata, según palabras de las propias autoridades porteñas, de “la inversión más grande en infraestructura cultural de la gestión”.

El jefe de Gobierno Jorge Macri encabezó el anuncio junto a la ministra de Cultura, Gabriela Ricardes, y el ministro de Infraestructura, Pablo Bereciartua, en el marco de la Agenda Buenos Aires 2025. El dato no es menor: las elecciones porteñas de medio término están a la vuelta de la esquina y, con este movimiento, el oficialismo busca mostrar gestión, sensibilidad cultural y responsabilidad fiscal.

Cultura como vidriera

El deterioro del edificio —ubicado en Sarmiento y Paraná— era evidente y objeto de críticas desde hace años. La falta de mantenimiento, las filtraciones, el abandono de salas históricas y la situación crítica de sus sistemas de seguridad y energía generaban preocupación tanto entre trabajadores como artistas.

Desde el GCBA aseguran que la obra no comprometerá el superávit ni implicará toma de deuda. Un guiño al electorado más “racionalista”, ese que pondera la eficiencia administrativa por sobre la inversión pública. Sin embargo, hay quienes señalan que la crisis cultural que vive la ciudad —con reducción de fondos, cierre de espacios y precarización laboral— no se resuelve solo con cemento.

Tres etapas y una mudanza forzada

El plan contempla tres etapas que incluyen la instalación de nuevas bombas en subsuelos, renovación de fachadas, salas, cubiertas, talleres y aulas. También la esperada mudanza del Conservatorio Manuel de Falla, que finalmente tendrá su sede única en el edificio.

Durante las reformas, el San Martín mantendrá una programación reducida en las salas Bajo Plaza y mediante cursos virtuales. La Radio de la Ciudad se trasladará a Palermo, otro dato simbólico de un proceso que descentraliza la actividad cultural del centro histórico para integrarla a otros barrios de la Ciudad.

Un edificio con historia

Inaugurado en 1970, el CCGSM fue diseñado por el célebre arquitecto Mario Roberto Álvarez y constituye uno de los máximos exponentes del modernismo porteño. En sus salas se formaron generaciones de artistas, se dieron pasos fundamentales de la escena off y hasta funcionó —entre 1983 y 1985— la CONADEP, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas.

Ponerlo en valor no es solamente una decisión técnica o estética. Es una intervención simbólica sobre uno de los espacios culturales con mayor carga política de la ciudad.

¿Campaña o política pública?

“Me da mucha tristeza, un patrimonio como el Centro Cultural San Martín no debería estar en semejantes condiciones de abandono”, dijo Jorge Macri. La frase, aunque acertada, también encierra una autocrítica implícita: el deterioro no ocurrió de la noche a la mañana, sino bajo gestiones del mismo signo político que hoy promete su renovación.

La iniciativa puede leerse como un intento de relanzamiento de la imagen del jefe de Gobierno tras un arranque de gestión opaco y un protagonismo todavía limitado en el tablero nacional. Apostar a la cultura, aunque de forma acotada, permite ocupar un discurso sensible, mostrarse moderno y al mismo tiempo responsable.

En una Argentina donde el Ministerio de Cultura fue degradado a Secretaría y las políticas culturales se encuentran bajo ataque directo, el anuncio de estas obras representa una oportunidad discursiva que el macrismo porteño no desaprovecha: mostrarse diferente, mostrar “gestión”, mostrarse “responsable”.

El desafío será sostenerlo más allá del marketing. Porque si la obra avanza pero la cultura sigue siendo para pocos, no habrá restauración patrimonial que lo maquille.

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