El Desafío de la Adicción al Celular en las Escuelas de Buenos Aires: La Aplicación de una Regulación Necesaria pero Insuficiente

0
apuestas

Loading

La Ciudad de Buenos Aires dio un paso importante hace tres meses al regular el uso de celulares en las escuelas, prohibiéndolos en el nivel primario y limitándolos en el secundario. Esta decisión, implementada por el Ministerio de Educación, tiene como objetivo reducir el uso excesivo de estos dispositivos en el aula, una problemática que los docentes vienen abordando de forma individual y que, tras la pandemia, parece haberse agravado. Sin embargo, los especialistas aseguran que esta medida no es suficiente para enfrentar una dependencia que tiene sus raíces en la vida digital de los estudiantes y que, por lo tanto, requiere una intervención más integral.

Un Problema de Adicción que Trasciende el Aula

La adicción al celular es una preocupación constante entre los docentes. Silvina Pascucci, profesora de historia de la Escuela N°4 Nicolás Avellaneda, afirma que tras la pandemia el uso del celular en clase se volvió prácticamente constante entre los alumnos, quienes lo emplean para redes sociales, juegos y videos. Esto, asegura, afecta gravemente la concentración necesaria para el aprendizaje: «El trabajo intelectual que implica el aprendizaje no sucede si esa atención no está,» dice Pascucci. La situación es compartida por otros docentes como Martín Pérez Antelaf, de la Escuela Rodolfo Walsh, quien observa que los estudiantes usan el dispositivo no solo por entretenimiento, sino también para evadirse cuando están pasando un mal día.

La Aplicación de Normas y el Rol de los Docentes

Para muchos docentes, esta regulación era esperada desde hace tiempo, aunque la aplicaban de forma informal en sus clases. Antelaf, quien además es delegado e integrante de Ademys, cuenta que al inicio de cada ciclo lectivo establece pautas claras sobre el uso del celular con sus alumnos y sus familias. Según explica, el éxito de esta regulación depende en gran parte de construir una relación de confianza en la que los estudiantes comprendan la importancia de la desconexión.

Virginia Rodríguez, docente del Lengüitas, enfatiza que, incluso antes de la nueva normativa, ya establecía límites en el uso del celular, promoviendo la lectura en papel y los debates en clase. «La cuestión atencional es crucial,» señala, destacando que en materias como historia o literatura se necesita un enfoque profundo que contrasta con la inmediatez de las redes sociales.

Resultados y Perspectivas: ¿Es Suficiente una Normativa?

Una reciente encuesta del Ministerio de Educación refleja una leve disminución en el uso de celulares desde que se implementó la regulación: un 25,4% de los estudiantes encuestados afirma haber reducido el uso del dispositivo en clase, y el 57,4% asegura que presta más atención. A pesar de estos avances, los docentes coinciden en que esta normativa no resuelve por completo el problema.

En el caso de la Escuela Nicolás Avellaneda, Pascucci cuenta que, antes de la resolución ministerial, los docentes de su escuela intentaron establecer un protocolo sobre el uso de celulares, lo que no fue posible hasta que se formalizó la normativa. Además, resalta que, aunque la regulación llegó, no se les ofrecieron recursos adicionales para tratar la problemática de forma integral. «Lo que bajó del Ministerio fue la sugerencia de regulación, pero sin materiales o espacios para pensar específicamente esta problemática en la comunidad,» advierte Antelaf.

Un Desafío que Requiere la Participación de Todos

Más allá de los límites impuestos en el aula, muchos docentes consideran que la solución al uso excesivo del celular debe surgir de una intervención conjunta entre las escuelas, las familias y otros sectores de la sociedad. Josefina Luciana, integrante de la Corriente de Trabajadores de la Educación (CTE), cree que la adicción al celular es parte de la vida digital en la que los jóvenes están inmersos y que es responsabilidad de los docentes proponer actividades significativas en el aula que les permitan desconectar.

Este enfoque integral es, además, un llamado a las familias para fomentar prácticas de desconexión en el hogar, como limitar el uso del celular en momentos como las comidas. «Es un tema que atraviesa a la sociedad en general,» concluye Luciana. La docente sugiere que la regulación del uso de dispositivos debería extenderse a espacios como cines, bares y parques, generando un cambio cultural que no solo dependa de las escuelas.

La implementación de la normativa es un primer paso, pero la verdadera solución parece residir en un cambio de hábitos sostenido por la participación de todos los actores sociales. En palabras de los docentes, la regulación actual es positiva, pero es solo el inicio de un esfuerzo colectivo para mitigar una adicción que afecta la capacidad de atención y la vida social de las nuevas generaciones.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *