Cierre del Museo Nacional de la Historia del Traje: Un golpe a la cultura y el patrimonio
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El cierre del Museo Nacional de la Historia del Traje, ubicado en la histórica casona de la calle Chile 832 en el barrio de Monserrat, ha generado un gran revuelo. Desde su fundación en 1971, este espacio ha sido un referente cultural que reivindicaba la moda y la vestimenta argentina y latinoamericana dentro de su contexto social, cultural y político. Sin embargo, esta semana, la administración de Javier Milei, bajo el gobierno de La Libertad Avanza, decidió cerrar sus puertas, una decisión que muchos califican como otro ataque a la cultura.
La medida fue oficializada mediante el Decreto 862/2024, firmado por el presidente Milei, el jefe de Ministros Guillermo Francos, y la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello. Según este decreto, se implementa un nuevo organigrama en el cual varios directores de museos serán degradados a coordinadores, y el Museo del Traje, dirigido por Victoria Salías, dejará de funcionar como hasta ahora.
Salías, diseñadora y docente, reconoció que desde hacía un mes se venía evaluando cómo revitalizar el museo, que en 2023 recibió un promedio de solo 46 visitantes diarios. Sin embargo, contrastó estos números con los más de 3.800 asistentes a la muestra «Se dice de mí. Historias de tango y moda» en el Centro Cultural Kirchner (CCK), lo que la llevó a cuestionar la capacidad física del museo para acoger exposiciones de gran envergadura.
Un museo que quedó pequeño para su misión
Salías defendió la decisión del cierre del museo en su formato actual, argumentando que el espacio se ha vuelto insuficiente para albergar la vasta colección de más de 9.000 piezas que incluyen trajes, accesorios, objetos de uso cotidiano y documentos gráficos que datan del siglo XVIII. Según la directora, si contara con un edificio del tamaño del CCK, podrían convocar a muchas más personas sin comprometer la seguridad.
Además, señaló que el edificio histórico de Monserrat presenta limitaciones arquitectónicas que dificultan su modernización, ya que su conservación como Monumento Histórico Nacional impide realizar adaptaciones significativas. El museo destinaba 66 millones de pesos anuales solo en sueldos, lo que, para Salías, añadía presión a un espacio que ya no respondía a las necesidades actuales.
A pesar de respaldar en parte el cierre, Salías expresó su sorpresa por la derogación de su cargo, la cual conoció a través de la publicación del decreto. Aunque su mandato había sido prorrogado en 2023 sin convocatoria a nuevo concurso, la directora no fue notificada oficialmente de la decisión.
Futuro incierto y resistencia desde el sector de la moda
La Secretaría de Cultura indicó que las piezas del museo se conservarán en el edificio como depósito y que los trajes serán exhibidos en grandes centros culturales de Buenos Aires, como el CCK y la Casa Nacional del Bicentenario, así como en Casas del Bicentenario distribuidas por el país. Además, se rumorea que el gobierno planea abrir un nuevo centro cultural en el lugar, con un enfoque en la cultura independiente, aunque las reformas estarán limitadas por el estatus patrimonial del edificio.
Las críticas no tardaron en llegar. Paula Guardia Bourdin, conocida como Revista Pola en el mundo de la moda, denunció en sus redes sociales que el cierre del museo pone en peligro el acervo patrimonial del país. Se comprometió a formar una asociación para preservar el museo y evitar que el patrimonio cultural «se escape de las manos».
El Museo del Traje, además de ser un archivo de la evolución de la indumentaria argentina, era un espacio que resguardaba el vínculo entre el traje y el arte en su contexto histórico. Su colección destacaba la indumentaria de personajes históricos, como el gaucho o la figura de Eva Perón, y exhibía moda de las décadas del 60 y 70, conectando con la rica tradición textil del país.
Una pérdida patrimonial significativa
La casona que albergaba el museo, construida en 1870, es en sí misma una joya arquitectónica de estilo italianizante. Originalmente fue una residencia familiar, y su estructura de «casa chorizo» es un fiel reflejo de la arquitectura doméstica porteña del siglo XIX. Con su cierre, se pierde no solo un espacio expositivo sino también un testimonio vivo de la historia social y cultural de Buenos Aires.
El cierre del Museo Nacional de la Historia del Traje no es solo un golpe a la cultura argentina, sino también una muestra de las tensiones actuales entre la preservación del patrimonio y las nuevas políticas de gestión cultural. Mientras tanto, el futuro del museo y de su valiosa colección queda en manos de un incierto proceso de reorganización.
