Balvanera, un barrio que se sostiene en sus bares notables y sus teatros de siempre

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Entre milongas centenarias, teatros independientes y bodegones que resisten el paso del tiempo, Balvanera conserva una vida cultural que rara vez ocupa el centro de la escena porteña, pero que sostiene una identidad propia desde hace más de un siglo. El barrio, que se extiende entre las avenidas Córdoba, Independencia, Callao y Rivadavia, combina la efervescencia comercial del Once con rincones que todavía guardan la memoria de las distintas comunidades de inmigrantes que lo poblaron a lo largo del siglo XX.

Los Angelitos, el bar donde Gardel armó su barra

El emblema cultural más visible del barrio es, sin dudas, el Café de los Angelitos, ubicado en la esquina de Rivadavia y Rincón. Inaugurado en 1890 como el Bar Rivadavia por un inmigrante italiano, se convirtió a partir de 1912 en el punto de encuentro de Carlos Gardel, que allí estableció su «barra» cuando comenzaba su carrera artística junto a José Razzano. Ese vínculo quedó inmortalizado en el tango homónimo que Razzano compuso en 1944 con letra de Cátulo Castillo, un clásico que todavía hoy se escucha en las milongas porteñas y que menciona por su nombre a otros parroquianos históricos del lugar, como Gabino y Cazón.

Después de una extensa restauración, el local reabrió en 2007 y hoy integra el selecto grupo de Bares Notables porteños, categoría que reconoce a los espacios de mayor valor histórico, arquitectónico y cultural de la Ciudad y que cuenta con el apoyo oficial de distintos programas del Gobierno porteño.

Esa distinción, otorgada por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables, tuvo una actualización reciente: en agosto se sumaron doce nuevos espacios a la lista porteña, en el marco de una política que también incluye una serie documental —La Ruta de los Notables— dedicada a recuperar la historia de estos cafés emblemáticos. Balvanera, con Los Angelitos como principal exponente, se prepara además para la próxima edición de La Noche de los Bares Notables, prevista para el 24 de septiembre en distintos establecimientos de la Ciudad.

El Tropezón y la memoria de los bodegones

A metros de allí, otro clásico resiste: El Tropezón, uno de los bodegones históricos de Buenos Aires, sostiene desde hace décadas una cocina tradicional que forma parte de la identidad gastronómica del barrio. Junto con otros locales de similar trayectoria, integra ese circuito de bares y restaurantes que, sin ostentar siempre el rótulo oficial de «notable», funcionan como referencias afectivas para generaciones de vecinos.

Teatro independiente, de El Picadero al Ricardo Rojas

La escena teatral de Balvanera tiene en El Picadero a uno de sus nombres de mayor renombre, un espacio consolidado dentro del circuito de teatro independiente porteño, reconocido por la calidad de sus puestas y por sostener una programación estable a lo largo del año. A esa oferta se suma el Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, que combina teatro, música, danza y artes visuales en una programación que durante todo el año convoca tanto a estudiantes como al público general interesado en propuestas alternativas al circuito comercial. El barrio suma además otros espacios de menor escala orientados al teatro independiente, muchos de ellos conducidos por dramaturgos y directores locales que apuestan a sostener una cartelera activa durante los doce meses del año, con variedad de géneros que van del drama contemporáneo a propuestas musicales, de danza y peñas folclóricas.

El barrio también conserva un capítulo particular de su historia teatral en el Teatro IFT, sobre la calle Boulogne Sur Mer, testigo de la intensa escena de teatro idish que caracterizó a la zona del Once durante buena parte del siglo XX, cuando la inmigración judía dejó una huella profunda en la vida cultural del barrio. Sus murales todavía celebran ese legado, en un edificio que continúa funcionando como sala teatral.

Un barrio de comunidades que se refleja en su cultura

La diversidad cultural de Balvanera —fruto de la superposición histórica de comunidades criollas, italianas, judías, árabes y armenias— explica en buena medida esa combinación de milongas, teatro idish, bodegones y bares centenarios que conviven en un radio de apenas unas pocas cuadras. Esa mezcla, sostenida por vecinos, instituciones culturales y comerciantes que defienden la continuidad de sus locales, sigue dándole a Balvanera un perfil propio dentro del mapa cultural de Buenos Aires, más allá del ajetreo comercial que suele asociarse con el barrio en el imaginario porteño.

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